Recuerdo siempre el mismo viaje en un antiguo renault blanco. A ambos lados de la carretera centenarios olivos gesticulando, advirtiendo el paso del tiempo en la arrugas de sus brazos. Olía a vino en aquellos campos y una mancha naranja en el horizonte que, poco a poco, iba desapareciendo, nos avisaba de que aquel paisaje era, sin duda alguna, un hecho tan efímero como el recuerdo de estos viajes por aquellas carreteras secundarias.
- Ya me han dado el permiso de residencia, los muy cabrones... creían que por ser negro no me lo iban a conceder. ¿A ti qué te parece? Menudos hijos de puta...
Tengo el gusto –que es uno de esos gustos casi malsanos- de sacarme del cuerpo e intentar (no sé si lo conseguiré) poner en orden lo que me evoca este libro capicúa “Mi memoria es un tobogán” y “Espacios Insostenibles”, escrito del derecho y del revés por mil autores desperdigados, que hoy han hecho el esfuerzo de agruparse en un solo cuerpo y venir aquí, a este rincón de Sevilla. (Por cierto, ¿qué caserón sería el FNAC antes de ser FNAC o cualquier otra tienda, qué espacio insostenible, qué muertos de la memoria nos estarán ahora mismo observando? O mejor, ¿qué será de este lugar, no dentro de 2.000 años, sino luego, dentro un rato, cuando recojamos la voz y nos vayamos a tomarnos otra cerveza? Aquí, seguramente, quedará un Caín de este libro jodiendo con su quijada una pantalla de plasma).
A lo que iba, que me voy: aquí Nacho Montoto, compilador de puntos y seguidos, súmmum de Apocalipsis, poeta al filo –y perdón por la redundancia: que el poeta que no esté haciendo equilibrios en el borde de su propia lengua, no lo es-. Es un placer tener aquí al sonámbulo que escribió este libro.
Comienzo y desmembro, me vas a permitir, tus textos. Así como si fuera una filóloga borracha, o una crítica hidrófoba, verborreica, locuaz, imparable. Pero es que necesito decir.
Cuando tomé el libro de Nacho Montoto para leerlo, no supe por dónde cogerlo. Es más, me pareció definitivo el gesto que en ese momento yo tuviera: si abrirlo por “Mi Memoria es un tobogán” o por “Espacios Insostenibles”. No sé, de pronto, a las 17:35 de la tarde, aquella decisión me pareció absoluta. Como si de eso dependiera algo importantísimo, como si me tuviera que apuntar con el libro, así en plan ruleta rusa, en la sien. Esa sensación, que sentirán cuando lo tengan en las manos, instantes antes de leerlo, les dará una inquietud que es, puede decirse, líquidamente agradable.
−ESPACIOS INSOSTENIBLES
Comienzo por “Espacios Insostenibles”. Sé a priori que es la decisión menos lógica. Pero bueno, ¿y qué?
Aquí está, esto es. O mejor dicho: esto no es. En este libro, Nacho Montoto sabe estar sin fisura con respecto al arte contemporáneo, ya que él con su letra, pinta el cuadro de lo que no hay, y dentro de ese cuadro, sencillísimo, hay miles de cuadros dentro, sus Boscos ahí, sus Bacons, sus Dureros y sus Dalises si me aprietas. Mundos insospechados que sabemos que están. Utopía, le llama, X otras veces, o Kyoto, o yo qué se. No sé si buscabas, Nacho, llegar a Enoc. Un camino de espiral cuaja la luz hasta dejarla en cero, en blanco, en encefalograma plano… uf, qué frío.
Y sí, él lo dice con todas sus letras, que es una espiral donde nos mete. Y ya dentro, hace respirar al lector un vapor espeso que no veas, la luz quirúrgica de un mundo que no nos es tan extraño, las flores curiosas y el hormigón, la penumbra contra una pared a gotéele. Veo a Caín, veo su sueño. Veo el dolor que intuyes en ser Eva y con ello, un espacio habitado −que es mucho peor, tantas veces, que ser un lugar ignoto y solo−. Puestas sobre otra plancha, aquí podría haber grabado William Blake algún estrago contra la industria satánica. Aquí está, además, el lenguaje así deshecho, descomprimido, estallado… el jodío… Porque es un jodío, el Nacho. Pincha el lenguaje con puntos afiladísimos, de diamante, hasta que lo revienta. Y por ahí, sí, por ahí se ve el espacio insostenible. Mi enhorabuena, caballero, por tu lengua de vidriera.
Ah, lo tengo que señalar también, que es en eso te he disfrutado y más: los dos puntos de las espirales. Verán: Nacho le da al espacio con disolvente hasta convertirlo en un belén apocalíptico o en una parada moderna de trenes. Y de ahí, de haber puesto ese veneno de un muerdo, quedan en las frases los dos puntos, a modos de picadura de serpiente, los dos puntos, que supuran. Los dos puntos: la tipografía del mordisco.
Vuelta de hoja. Porque aquí sí que hay vuelta de hoja.
−MI MEMORIA ES UN TOBOGÁN.
Esperé para leerlo, sólo Dios sabe porqué, a estar sentada en el banco blanco y gélido de la Oficina de Correos. Me parece buen sitio ese, una antesala y, al fondo, ventanillas, para rascar palabras de un libro que se llama “Mi Memoria es un Tobogán”. Nacho, y el libro, convierten el edificio de correos, tan de mármol, en una especie de limbo y flotan ya estas letras en este otro líquido amniótico. Dónde se va a estar mejor que en la memoria, digo yo, mientras leo que ese niño, que este niño, quiere volver a estar frente a la leche ardiendo que alguien sopla. Así ni a ti ni a mí nos guste, ni de coña, la vida en diferido, Nacho, se está bien en la memoria aunque escueza y el espejo retrovisor se enganche con el sexo y tú sepas (no me engañes),
que ese Nacho que de aquí a un cuarto de hora bajará del tren, libro, botellín e ipod en ristre, en realidad está desnudo.
Leyéndote me acordé de lo que el otro día le leía a Agustín García Calvo: que ciertas sensaciones de memoria, seguidas, repetidas en todos y cada uno de nosotros, nos deja una sensación que de verdad tiene que ver con el fenómeno ese del déjà vu, la impresión de que “esto ya lo he vivido otra vez”, conocida por todos nosotros. Aquí está el afán casi inconsciente del autor que busca esa sensación, esa conexión de uno mismo con su extraña memoria viva.
Dejo aquí la invitación a esta lectura, amigos. Sólo dos cosas más, que no se me pueden quedar enganchadas por las sienes:
Que me alivia, muchísimo, comprobar el avance de la poesía que deja al lado la pamplina individual, materia estéril hasta para uno mismo, y se pone así, exploradora, multiplicadora de las posibilidades del lenguaje, y con él, de los mundos.
Y dos: que estaría bien, Nacho, ahora que lo pienso, que leer tu libro tuviera como recompensa, no sé…, por ejemplo, siete años de buen sexo. Que a veces no es fácil ni diario leer poesía que sólo aspire a ser poesía. Eso es un lujo, que el autor y sus lectores tenemos hoy alcance de nuestro pecho.
La mano que nos toca siempre es la misma, a pesar de las heridas, aun cuando la distancia ejerza de muro de contención entre cuerpos fulgentes, la mano que nos acaricia siempre será la misma.
2.
Pasaron los años, los días, [las horas. Llegó noviembre envuelto en flores negras, junto a la caída de los primeros [copos de nieve. Entre la escarcha del parque apareciste ángel de la guarda, silencio blanco.
3.
Casi al amanecer, hacia la alborada, el primer gesto del día es un suave aliento.
4.
Bestias de sal buscando la hendidura, el frío de la madrugada es una penitencia azul marino, breve transcurrir de agua que condensa el aire.
5.
Soñábamos con no separarnos nunca. Como dos niños hechos hombres. Lloramos la ausencia del primer tacto. Las noches son más largas cuanto más corto es el tiempo que transcurre entre la marcha de tu recuerdo y la vuelta a la realidad.
6.
Abrázame, piel quebrada por la lágrima. Ojos de incienso, mar de Flandes.
En mitad del jardín yacen mutiladas cientos de naranjas. Desaparramadas por el campo heridas hata el corazón, desangradas, gajo a gajo, esparcidos sus miembros dañando, sin querer, el paisaje.
(Nacho Montoto. De Mi memoria es un tobogán, Cangrejo pistolero edicions 2008)
El fruto del ciprés es la naranja. ¿Había niños en lucha de naranjas amargas o se han subido solas por la escalera de pintor? En el cuenco, una honda de cuero enredada en las naranjas.
¿Es que nunca sabes poner los pies sobre la tierra? Tú tampoco lo haces: pedaleas, mientras la claridad de lo no dicho mueve tu pelo.
Yo hago un puzzle con piezas sobrantes y perdidas. No sé cuál es su fin. Tan sólo sobrevivo, cuido la hierba blanca que crece debajo de mi cama. Eso es todo. Tú no irás al concierto: llorarías -has dicho. Estoy enfadado con el arte. Porque si vas al concierto no escuchas los platillos de barro del instante ni ves la oruga que sube por el interior de la flauta dulce, según va revelando un agujero tras otro. Esa oruga que pronto va a detener el concierto.
Pero, ¿sabes?, a veces mirar el mundo es como comerse un lenguado: primero una cara y después la otra: el mapa de las ocasiones. Está bien. Ven conmigo. Corsé de tu sonrisa. Lo aceptaré. Está bien.
Mi histórica tristeza: cambiar un ay por un símbolo es optar por la solución de la cúpula para cubrir una intersección. O esto tal vez; la ceja: el arco iris de la lágrima, es decir, la lágrima y luego el arco iris del pensamiento. Mirada extrema, fraternidad extrema. Mi poética hace que lleve a cuestas el paisaje como el bosque dinámico de Macbeth. Pero “tampoco ya ceno sólo con la mirada”. Por eso ven conmigo hasta el final de lo que tú también quieres decir.
El viento agita las raíces, zumban los anillos de los árboles.
¿Es éste un poema de después de que cayeran las montañas?- me preguntas. Sí, ya no hay montañas, ya no hay literatura, ven conmigo.
El fósforo astillado Juan Andrés García Román 120 páginas 9 euros Colección poesía, 119
Escucho cómo, mansamente, las preguntas de ayer, de hoy, de mañana son exactas, iguales y perdidas en las bocas y en el temor de la pólvora, en los labios ajenos del tiempo.
Los sollozos permanecen esclavos de los mismos ojos, los lagrimales hollados en los párpados de los seres humanos, abandonados en el mismo lugar de hace siglos.
Caníbales del dinero,vomitando perdones incompasibles, acompasados por la fusta de la deidad humana, los peores profetas de piedra caliza y acento extranjero.
Silente modorra, excusa baldía de un sol fermentado, casi apagado por millones de puntos negros que pululan por la corteza terrestre, buscando un quiero y no puedo.
Continuo devenir de la misma mentira.
La alegría es tan sencilla que da pereza el malgastar una vida entera en ella, se gana más haciendo la guerra, se entretiene uno más eyaculando su vergüenza en las bocas del hambre, acrecentando la pérdida de humanidad, llenando los bolsillos de la pobreza de bombas millonarias que huelen a sangre y sudor podrido en pieles quebradas que abrigan el capricho de la ignorancia.
Probablemente la hoja de latón caiga sobre alguna cabeza procurando un corte limpio, suave, dulce y casi deseado, provocando la calma y el descanso del grito.
Hoy tenemos el tiempo suficiente para decirnos lo que queramos, para contarnos aquellas cosas que no nos atrevimos nunca a contar, para aliviar nuestros miedos.
Tenemos el tiempo suficiente para acompañar a esta puesta de sol, para pronunciar nuestros nombres con los labios abiertos, pero recuerda que mañana, sí, mañana, la mañana de mañana, ya, será otro día.
Observo cambios en vuestras conductas, borregos en busca de su pastor, aturdidos por la ausencia de guía, mostrando vuestra falta de recursos ala hora de orientaros sin GPS.
Hoy el sol luce enérgico, las nubes parecen estar pegadas a una cartulina. Mientras la tristeza es una hilera de silencio del que brotan vacíos, el surco permanece en la tierra: la herida.
Nacho Montoto es articulista de
Diario Córdoba. En sus once años de
vida comienza a esbozar en Cádiz Mi
memoria es un tobogán, los primeros
versos de su primer poemario, escrito
entre Córdoba, Cádiz y Sevilla. Es
co-fundador del colectivo C.A.I.N Y
co-director de la colección loscatorceochomiles.
¿Por qué escribes poesía? Por lo mismo que un zapatero hace
zapatos o un pintor pinta cuadros.
Con la diferencia que ellos viven de
esa producción y yo vivo de la necesidad
de escribir. Vocación.
¿De qué hablan tus poemas? De lo cotidiano, del día a día, del entorno
que nos rodea, de situaciones
comunes, de lo onírica que a veces
resulta la realidad y lo real que puede
ser un sueño. No me cierro en banda.
Acabas de publicar tu primer
libro, dos poemarios en uno, Mi
memoria es un tobogán/Espacios
Insostenibles, una obra reversible,
¿qué encontramos en él?
Dos libros muy distintos, uno más
directo, duro y punzante, otro más
íntimo, cotidiano y personal.
Se trata de un proyecto muy interesante
porque has conseguido
rodearte de un gran elenco de artistas
¿quiénes han participado? El poemario es una digna carta de
presentación, arriesgada pero sabiendo
lo que teníamos entre manos. He
tenido la suerte de contar con buenos
amigos que han abrigado mis poemas,
empezando por los editores,
Nuria Mezquita y Antonio Gª Villarán
que han cuidado meticulosamente
la maquetación, pasando por el
gran trabajo de los ilustradores Miguel
Gómez Losada que ha proyectado
toda su ternura en cada ilustración
y Ana Arcas se ha sumergido en mi
yo más personal, plasmando cada
poema con una semejanza brutal a
la realidad. El cariño de José Daniel
García, Diego Vaya y Eduardo Chivite
queda de sobra manifiesto en los
prólogos y en el epílogo. Si bien, sería
injusto no mencionar a muchas otras
personas que me han ayudado en
este camino, pero no soy de agradecimientos
públicos, todos ellos saben
perfectamente quiénes son.
¿Qué buscas en el lector? Sorpresa, nostalgia, azote, vértigo,
sonrisa, incredulidad. Una reacción.
¿Cómo convencerías a la persona, que siendo lectora, no ha descubierto la poesía? No es cuestión de convencer, sino de
formar. Es más un problema formativo
que de convencimiento, si bien,
tanta mitificación del aura que, dicen,
rodea al poeta ha sido siempre una
losa. Poco a poco se está consiguiendo
desmitificar el asunto.
¿Tus libros de cabecera? Poeta en Nueva York, de García
Lorca y Especies de Espacios, de
Georges Perec.
Eres agitador cultural ¿cuáles son
tus próximos proyectos?
En enero sacaremos cinco nuevos
títulos de la colección los14ochomiles
que dirigimos desde el Colectivo
CAIN José Daniel García y un servidor.
Llevaré a cabo la 3ª edición del
ciclo de poesía Diversos en la Facultad
de Ciencias del Trabajo, alguna
que otra incursión cosmopoética y,
rematar un proyecto narrativo que
tenemos en mente si los presupuestos
de 2009 nos lo permiten.
Sigue en andalocio.com Más info: www.nachomontoto.es
Día 2 de Enero de 2009 -viernes- presentaremos en Sevilla el primer libro de Nacho Montoto editado por Cangrejo Pistolero Ediciones. Será en el Centro Cultural CAJASOL, en la C/ Laraña 4 a las 20 H.
Visualizamos imágenes que atraviesan nuestras pupilas, presas de la memoria, guardamos la instantánea de lo efímero. Como a un cuerno de marfil, abrazamos la soberbia contenida de los vástagos de la divina misericordia. El resultado es un débil mimbre, apenas capaz de soportar la carga del beso, tan fino como una hebra de sol
Recuerda que en ocho horas Volverá la luz La mañana Y no podremos poseer Más que aquello Que podamos ver Yo quiero seguir meciéndome En ti Retomar el beso Que en la almohada duerme Y desnudar De nuevo Nuestra voz A golpe de gemidos Que no dejen dormir a nuestros vecinos Ávidos de cariño
Lo encontraron casi muerto, al borde de la calcinación, a punto de meterlo dentro de una bolsa de plástico.
Ladrido mudo en la medianoche. Cuentan que, de sus amigos, sólo sobrevivió un cangrejoal que, pasado el verano, acogió en la peceradel salón de su casa.
Cual ave Fénix, como estaba escrito, renació de sus cenizas, pues no se trataba de un perro cualquiera, sino del lorquiano perro andaluz. Fotografía: Jesús Vega
Una vez, al filo de una lúgubre media noche, mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido, inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia, cabeceando, casi dormido, oyóse de súbito un leve golpe, como si suavemente tocaran, tocaran a la puerta de mi cuarto. “Es —dije musitando— un visitante tocando quedo a la puerta de mi cuarto. Eso es todo, y nada más.”
¡Ah! aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre; espectros de brasas moribundas reflejadas en el suelo; angustia del deseo del nuevo día; en vano encareciendo a mis libros dieran tregua a mi dolor. Dolor por la pérdida de Leonora, la única, virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada. Aquí ya sin nombre, para siempre.
Y el crujir triste, vago, escalofriante de la seda de las cortinas rojas llenábame de fantásticos terrores jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie, acallando el latido de mi corazón, vuelvo a repetir: “Es un visitante a la puerta de mi cuarto queriendo entrar. Algún visitante que a deshora a mi cuarto quiere entrar. Eso es todo, y nada más.”
Ahora, mi ánimo cobraba bríos, y ya sin titubeos: “Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón imploro, mas el caso es que, adormilado cuando vinisteis a tocar quedamente, tan quedo vinisteis a llamar, a llamar a la puerta de mi cuarto, que apenas pude creer que os oía.” Y entonces abrí de par en par la puerta: Oscuridad, y nada más.
Escrutando hondo en aquella negrura permanecí largo rato, atónito, temeroso, dudando, soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido jamás a soñar. Mas en el silencio insondable la quietud callaba, y la única palabra ahí proferida era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?” Lo pronuncié en un susurro, y el eco lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!” Apenas esto fue, y nada más.
Vuelto a mi cuarto, mi alma toda, toda mi alma abrasándose dentro de mí, no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza. “Ciertamente —me dije—, ciertamente algo sucede en la reja de mi ventana. Dejad, pues, que vea lo que sucede allí, y así penetrar pueda en el misterio. Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio, y así penetrar pueda en el misterio.” ¡Es el viento, y nada más!
De un golpe abrí la puerta, y con suave batir de alas, entró un majestuoso cuervo de los santos días idos. Sin asomos de reverencia, ni un instante quedo; y con aires de gran señor o de gran dama fue a posarse en el busto de Palas, sobre el dintel de mi puerta. Posado, inmóvil, y nada más.
Entonces, este pájaro de ébano cambió mis tristes fantasías en una sonrisa con el grave y severo decoro del aspecto de que se revestía. “Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—, no serás un cobarde, hórrido cuervo vetusto y amenazador. Evadido de la ribera nocturna. ¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!” Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado pudiera hablar tan claramente; aunque poco significaba su respuesta. Poco pertinente era. Pues no podemos sino concordar en que ningún ser humano ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro posado sobre el dintel de su puerta, pájaro o bestia, posado en el busto esculpido de Palas en el dintel de su puerta con semejante nombre: “Nunca más.”
Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto. las palabras pronunció, como virtiendo su alma sólo en esas palabras. Nada más dijo entonces; no movió ni una pluma. Y entonces yo me dije, apenas murmurando: “Otros amigos se han ido antes; mañana él también me dejará, como me abandonaron mis esperanzas.” Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”
Sobrecogido al romper el silencio tan idóneas palabras, “sin duda —pensé—, sin duda lo que dice es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido de un amo infortunado a quien desastre impío persiguió, acosó sin dar tregua hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido, hasta que las endechas de su esperanza llevaron sólo esa carga melancólica de ‘Nunca, nunca más’.”
Mas el Cuervo arrancó todavía de mis tristes fantasías una sonrisa; acerqué un mullido asiento frente al pájaro, el busto y la puerta; y entonces, hundiéndome en el terciopelo, empecé a enlazar una fantasía con otra, pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño, lo que este torvo, desgarbado, hórrido, flaco y ominoso pájaro de antaño quería decir granzando: “Nunca más.”
En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra, frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos, quemaban hasta el fondo de mi pecho. Esto y más, sentado, adivinaba, con la cabeza reclinada en el aterciopelado forro del cojín acariciado por la luz de la lámpara; en el forro de terciopelo violeta acariciado por la luz de la lámpara ¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!
Entonces me pareció que el aire se tornaba más denso, perfumado por invisible incensario mecido por serafines cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado. “¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido, por estos ángeles te ha otorgado una tregua, tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora! ¡Apura, oh, apura este dulce nepente y olvida a tu ausente Leonora!” Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio enviado por el Tentador, o arrojado por la tempestad a este refugio desolado e impávido, a esta desértica tierra encantada, a este hogar hechizado por el horror! Profeta, dime, en verdad te lo imploro, ¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad? ¡Dime, dime, te imploro!” Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio! ¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas, ese Dios que adoramos tú y yo, dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén tendrá en sus brazos a una santa doncella llamada por los ángeles Leonora, tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen llamada por los ángeles Leonora!” Y el cuervo dijo: “Nunca más.”
“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso. ¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica. No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira que profirió tu espíritu! Deja mi soledad intacta. Abandona el busto del dintel de mi puerta. Aparta tu pico de mi corazón y tu figura del dintel de mi puerta. Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo. Aún sigue posado, aún sigue posado en el pálido busto de Palas. en el dintel de la puerta de mi cuarto. Y sus ojos tienen la apariencia de los de un demonio que está soñando. Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama tiende en el suelo su sombra. Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse. ¡Nunca más!
Es una persona que tiene una cara que recién afeitado parece un croissant relleno de chocolate,(pero ese que esta súper cargado).
Mi abuelo que en paz descanse tenia mejor forma física que él, de aquí a Lima.
Creo que este tipo de personas, son los que en los deportes se les llama como “poco dotados”, porque tienen un cuerpejitillo que no vale ni para ping-pong.
El susodicho en cuestión no es capaz ni de ir corriendo al obrero sin que se atragante y sin que tenga que pedir un vaso de agua a los vecinos respectivos del 2º y 1º.
Según sus amigas, el culo se lo dejó un día en el suelo mientras le hacia una foto a una marmota, y el pobrecito se tiene que rellenar su parte trasera de calcetines de los veinte pavos, para que se le vea algo la forma.
Me comentan personas allegadas a él, que de pequeño era incluso más feo que ahora.(sinceramente lo dudo), pero son afirmaciones muy importantes y me lo tendré que creer a ciegas.
Como aspecto físico os podéis hacer una ligera idea, pero es más cruel la realidad, verlo a 2 metros da francamente mucho miedo.
Un consejo de amigo, si lo veis por la calle en una vespa negra casi derruida…. ¡NO LE DEIS CONVERSACIÓN! OS PUEDE COMER EL TARRO EN UN SEGUNDO, Y ESE ES EL PRINCIPIO DEL FIN……..