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lunes, 10 de junio de 2013

Un poema de Ángela Figuera Aymerich




EL GRITO INÚTIL



¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve
una mujer viviendo en puro grito?

¿Qué puede una mujer en la riada
donde naufragan tantos superhombres
y van desmoronándose las frentes
alzadas como diques orgullosos
cuando las aguas discurrían lentas?

¿Qué puedo yo con estos pies de arcilla
rondando las provincias del pecado,
trepando por las dunas, resbalándome
por todos los problemas sin remedio?

¿Qué puedo yo, menesterosa, incrédula, 
con sólo esta canción, esta porfía
llamando y escociéndome en la boca?

¿Qué puedo yo perdida en el silencio
de Dios, desconectada de los hombres,
preñada ya tan sólo de mi muerte,
en una espera lánguida y difícil
edificando, terca, mis poemas
con argamasa de salitre y llanto?

Volvedme a aquel descuido, a aquel sosiego
en que era dable andar por los caminos
pastoreando ensueños como ovejas.
Volvedme al ruiseñor de aquel boscaje.

Al vuelo de aquel cisne por el lago 
bajo la plata azul de aquella luna.
Volvedme a la andadura mesurada,
al tópico dulcísimo y sedante
de un verso con timón y cortesía
donde cantar cómo los bucles de oro
son cómplices del pájaro y de la rosa, 
porque eso, al fin, a nada compromete
y siempre suena bien y hace bonito.

Pero es en vano, amigos, nos cortaron
la retirada hacia seguras bases.

Están rotos los puentes,
los caminos confusos,
los túneles cegados. No sabemos
de cierto si avanzamos o huimos
dejando por detrás tierra quemada.

Y yo pregunto, vadeando a solas
un río de aguas turbias y crueles,
¿qué puede una mujer, para qué sirve
una mujer gritando entre los muertos?

Ángela Figuera Aymerich

Obras completas.
Ediciones Hiperión, 1986.