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sábado, 16 de febrero de 2013

LO QUE NADIE NOS CONTÓ




Imagina un campo abierto.
Un sistema binario de sentidos hacia dentro, hacia fuera. Dos atardeceres diarios.
Imagina que existiese un charco de agua del que brotasen ranas a la velocidad de doce mil ranas por segundo.
¿Entiendes ya por qué no soy príncipe ni tú princesa?
Ahora imagina la historia de una tribu de pigmeos.
Sí, digamos que los pigmeos adoran a una diosa que un buen día bajará de los Cielos y le construirán un palacio en el interior más profundo de un árbol ancestral.
Cuenta la profecía que de sus ramas brotarán copos de nieve mediada la primavera.
Joven diosa del invierno, manzanas heladas sus mejillas.
Finalmente, imagina una caja de vidrio que refleja el rostro de una niña.
Diríamos que es la transparencia de una niña de apenas quince años cuyo perfil asemeja al de un niño de unos quince años.
Si cambiásemos la caja de posición, ocurriría a la inversa: un niño de apenas  quince años cuyo perfil asemeja al de una niña de unos quince años.
Si esa caja tuviese un eje sobre el que rotara a gran velocidad, aparecería la imagen de un hombre y una mujer  de unos treinta años,  cuyo rostro no sabríamos precisar a qué sexo pertenece, pero se besan bajo una frecuencia de sesenta besos por milésima de segundo.
¿Entiendes ya por qué Rubik guardó su secreto en el interior de un cubo mágico?
¿Comprendes ahora por qué nunca nos contaron la verdad sobre las cosas importantes?