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jueves, 6 de octubre de 2011

{LECCIÓN DÉCIMA}




Dar formato al beso. Te despiertas, suena el móvil. Buenos días. Comienza el largo peregrinar de labios. Te lavas la cara, le dices que te llame tras la ducha (no cuelgues, por favor, piensas). Sigues hablando. Suena la alarma de aviso del microondas del vecino del cuarto: poleo menta. Dar formato al beso. El grifo de la ducha abierto. Enciendes el manos libres. La espuma entre tus dedos. Su voz cada vez más húmeda,  Te recojo a las dos. No, no cuelgues, susurras mientras enrollas la toalla por encima de tus pechos. Tu vecino baja las escaleras. Su mujer las sube. Se rozan tibiamente las caras. Una noche dura, sí. Se despiden. Secas tu pelo. Tararean una canción al otro lado del móvil. Sonríes frente al espejo. Frente al vaho que dibuja tu cara en el espejo. Acaricias el cristal con tus dedos. Dar formato al beso. Tu vecina entra en el baño. El agua corre por su bañera. Te vistes. Él sigue esperando tras el auricular. Ya estoy lista Le comentas. Ok. Luego te recojo a eso de las dos y nos vamos a comer. Vale, pero no cuelgues, por favor. Sales del piso, bajas las escaleras, oyes a su jefe. Una vez fuera del portal os despedís. Cuelgas. Recibes un sms: un emoticono. Sonríes, o al menos eso crees. Tu vecina sale de la ducha, seca su pelo y se dirige hacia su cuarto. Apaga el móvil. Se mete en la cama. Piensa en su marido. Abraza fuertemente la almohada. Procura el sueño. Da formato al beso.