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viernes, 29 de abril de 2011

Superávit, según Ariadna G. García



En el año 2005, de la mano de los ilustradores y poetas Antonio García Villarán y Nuria Mezquita, nación una editorial independiente que poco a poco, a golpe de catálogo, se está abriendo un camino por la selva de la insdustria del libro: Cangrejo Pistolero. En su nómina de autores los hay ya conocidos por sus incursiones en varios géneros literarios (Sofía Rhei, Gracia Iglesia, Luna Miguel). E incluso alguno ha publicado con ellos más de un libro. Este es el caso de Nacho Montoto, autor del poemario reversible Espacios insostenibles/ Mie memoria es un tobogán (2008), de la novela fragmentaria Binarios (Sim Libros, 2009) y del recién editado Superávit.

Los poetas son conscientes del destierro de la Arcadia, de la pérdida de la Edado de Oro. Tratan de señalar con sus obras el conjunto de lacras del mundo en que se encuentran. Carecen de un locus amoenus. No creen en la existencia de lugares apacibles. Viven traspasados por la soledad, la incomunicación y el desarraigo. Y precisamente por eso escriben, para denunciar y modificar el estado de las cosas.

Con todas estas piezas Montoto ha armado una obra sobre el amor, la indiferencia y el derrumbe de puentes entre dos amantes.

El sujeto lírico del libro entabla un diálogo virtual con una interlocutora pasiva. La receptora de los poemas es un ente callado del discurso. No asume la palabra. Ni siquiera está claro que los pronombres designen la existencia de su realidad fuera del texto. Es un fantasma que habita en el recuerdo, una imagen que deambula por los pasadizos de los poemas, que arrastra su memoria por los túneles de los fragmentos en prosa. El formato del libro, su diálogo diferido con la destinataria del mensaje, es un intento de comunicación igual de contraproducente que el ensayo a través del móvil o del portátil. Así, leemos en Ilustraciones coherentes (VII): "Escribir tu nombre sobre una pantalla táctil. Deslizar mis dedos sobre una superficie plana que contiene tu nombre. No, no es tu nombre, son sólo letras agrupadas en en interior de una minúscula pantalla de 3,2 in que intenta imitar el brillo de tus ojos", o en Ilustraciones coherentes (VIII): "Besarte tras la ventana [...] Pasar las horas muertas esperando que aparezcas tras esta falsa cristalera". El uso de la tecnología no garantiza la comunicación. Internet conecta a las personas con el mundo, pero no necesariamente con el entorno inmediato. En los textos de Montoto, el sujeto que enuncia, pese al uso de los nuevos soportes para el envío de textos, vive en un aislamiento emocional, porque no hay intercambio de información. Su soledad es la nuestra, es una soledad contemporánea, la del hombre y la mujer del siglo XXI, una soledad demasiado hiriente porque nunca el vacío ha estado lleno de tantas posibilidades.

Los símbolos del libro (La "intemperie", la "deriva", las "enanas marrones") remiten a la frustración de las expectativas afectivas de la que habla en los poemas. De algún modo, Superávit es el reverso del cuadro El grito de Munch. El personaje pictórico lanza un alarido triste y repleto de angustia que los espectadores no escuchamos. La pincelada es gruesa y su trazo es enérgico. El personaje literario, en cambio, dice estar rodeado de silencio, pero el silencio contiene palabras que oímos. El modo oracional de muchos textos es interrogativo, dubitativo... Es decir, Nacho Montoto expresa el vacío con la sensibilidad de su época. Su criatura de ficción acepta el cambio, la inseguridad de los conceptos, como partes ineludibles del hecho de estar vivo ("Es la vida -define- una bomba inofensiva. Quizá la broma fallida de un payaso", del texto Ilustraciones coherentes (V). Y ahí está su grandeza: lo mismo que nosotros, hace equilibrios encima de una ola, porque las cosas nunca permanecen.

Ariadna G. García