Durante aquellos días, sólo recuerdo el olor a hambre en las aceras. Todos sabíamos que ocurriría, estaba claro. Mi hermana, como de costumbre, cerraba las ventanas a las dos de la tarde. Afuera comenzaba la cacería, ellos ya estaban instalados en los altares. Llegaron por Cádiz y ya habitaban el País Vasco. No hacía mucho desde que yo jugaba con Cote en la plazoleta, fue la última que vez que vi a Cote antes de que lo secuestraran sus hermanos. Luego...
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